Muestra
|
Las pruebas
Santiago 1:2-4; 1:12-15; 5:7, 8; 5:10,11 Los problemas, pruebas y dificultades son inevitables en este mundo. Aunque pertenecemos ya al Reino de Dios, compartimos con toda la humanidad el mundo dominado por Satanás. Por supuesto, podemos sufrir por causa de Cristo (2 Ti 3:12), pero vemos en la realidad que la mayor parte de nuestros sufrimientos tienen otras causas. A veces es por nuestra propia debilidad, falsedad o aún perversidad. Otras veces son resultado de la injusticia y el pecado de la gente de este mundo. Y aún compartimos con la humanidad las consecuencias de vivir en una tierra desequilibrada (terremotos, inundaciones, etc.) por causa del pecado (Ro 8:21,22). En esta lección examinaremos nuestra actitud hacia las pruebas y el sufrimiento. ¿Qué parte tiene Dios en todo esto? ¿Cómo debemos actuar nosotros? ¿Qué actitud debemos asumir? Veamos lo que dice Santiago. Santiago 1:2-4La palabra “paciencia” en el v. 3 significa principalmente “constancia”. Note cómo la Versión Popular traduce este versículo.
1/ Santiago dice que cuando estemos en dificultades o rodeados de problemas, debemos sentir gozo.
Santiago 1:12-15 A través de este pasaje encontramos que hay dos clases de pruebas. Una que viene de afuera y consiste en las tribulaciones comunes de la vida. La otra viene de adentro y es lo que llamamos tentación. Hay una diferencia esencial entre las dos, que hemos de explorar en esta sección.
Santiago 5:7, 8, 10 y 11 Estos versículos nos hablan otra vez acerca de nuestra actitud hacia las dificultades de la vida.
En conclusión, vemos que según nuestro modo de enfrentarlos, los problemas pueden tener dos resultados en nuestra vida. Positivos: Si nos acercan hacia Dios, si nos estimulan a buscarle y conocer su voluntad. Son parte de esta escuela que es la vida y esenciales si realmente vamos a llegar a la madurez espiritual. Negativos: Si nos encerramos en nosotros mismos, quejándonos y echando la culpa de todo a Dios o a la gente que nos rodea, entonces lo único que hemos de cosechar es amargura y frustración. Y, por supuesto, la experiencia que ganamos cuando enfrentamos los problemas de la vida con una actitud correcta nos sirve para ayudar a otros en situaciones similares (2 Co 1:4) |